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Comienza la rutina

Posted by Belén on 04:45 in
¿Y cuál es esa rutina?

Pues la de siempre.

Una vez terminado y corregido el manuscrito comienza la búsqueda de esa editorial maravillosa que publicará nuestro libro. ¿Y cómo? Pues muy sencillo. Comenzaremos elaborando una lista de aquellas editoriales a las que nosotros creemos les pueda interesar. Escribiremos una carta, dándonos a conocer y presentando nuestra obra, adjuntando un par de capítulos para ver si están interesados o no. Lo más probable es que no lo estén, o que ni siquiera nos contesten, pero dicen que no hay que perder la esperanza, por lo tanto, lo intentamos.

Esta vez, como novedad, he querido enviarla también a algún que otro agente literaio, comenzando por la grandísima Sandra Bruna, quien me comenta que rechaza directamente el manuscrito puesto que lo he enviado también a otras editoriales y agencias y ellos no trabajan así. Sólo quieren que les envíes el manuscrito (bueno, mejor dicho, parte de él) a ellos en exclusiva. Contando que luego ni siquiera te contestan, encuentro muy poco ético que, tan mal como está la cosa, te obliguen a tener parado tu manuscrito sin saber en qué tiempo ellos te contestarán. ¿Es que no tenemos derecho a intentarlo por varias vías?

Otros agentes, muy amablemente, me han dicho que puedo enviarles mi manuscrito que lo valorarán muy gustosamente por el módico precio de.... ¡¡¡ahhhhggggg!!!!! (Increíble pero cierto)
Así que vuelvo a la antigua usanza de enviar y enviar y seguir escribiendo. Doy por concluído el proyecto y me embarco en uno nuevo, esta vez, bajo las miras de un descubrimiento arqueológico.

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Terminado el primer borrador

Posted by Belén on 23:58 in
Con dos meses de retraso pero, al fin, está terminado.

Me ha sido imposible trabajar en él este verano ya que el trabajo ha sido peor que en los últimos años (y no lo digo por la cantidad sino por el calor acumulado).

La cuestión es que llegado el mes de septiembre tenía tanto trabajo preparando las vuevas clases y retomando mi vida cotidiana que había dejado, sin querer, el proyecto de lado.

Pero no hay nada como una buena dosis de adrenalina y eso es lo que precisamente he obtenido después de disfrutar del encuentro de literatura fantástica de dos hermanas. Hablar con otros autores y conocer al fin a Susana (quien me ayudó con El Paladín de la Reina) ha hecho que cobre nuevos animos para finalizar este proyecto.

Por fin está terminado. Demasiados meses para un proyecto tan corto. Pero a veces vale la pena ir dando pasitos poco a poco que no dar palos de ciego. Ahora, como siempre, falta releer y corregir.

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Código ICAO

Posted by Belén on 01:23 in
En uno de los capítulos del libro, observamos cómo nuestro protagonista solicita información por radio en referencia a la matrícula de un vehículo al que está persiguiendo. Nos parecerá que el código que utiza para deletrearla la hemos sacado de alguna película pero nada más fuera de la realidad. El código ICAO es un código internacional, considerado el más útil y científico. Sus siglas significan International Civil Aeronautical Organization y es utilizado no sólo por los servicios aéreos y marítimos de todo el mundo sino también por radioaficionados y, en nuestro caso, por la Guardia Civil.




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Así empieza todo...

Posted by Belén on 04:20 in
Era una fría y lluviosa tarde de invierno, de 1984.
La recuerdo tal y como si fuera ayer: el aire gélido que se calaba hasta los huesos al colarse a través de las ventanas del pequeño piso en el que vivía, emplazado entonces en la concurrida calle Mayor de Tarragona; el repiqueteo constante de las gotas de lluvia al caer contra los cristales de mi habitación, situada en la segunda planta del edificio; y el estrepitoso e impertinente sonido del teléfono que martilleaba una y otra vez mi cabeza, sin dejarme descansar.
Pero no sería justo que continuara esta historia sin presentarme.
Aunque nunca he sido educado, siempre he tenido un sentido muy elevado de lo que es la justicia. Me llamo Juan C. Pérez y soy miembro del Grupo Antidroga de la Guardia Civil de Tarragona —actualmente conocido como Grupo de Investigación Fiscal Antidroga (G.I.F.A.)—, una unidad especial dedicada a perseguir todo tipo de delitos fiscales.
Los que me conocen ―para bien o para mal― me llaman Indio, ellos sabrán por qué será: ni soy asiático, ni viví en la India, así que supongo que será debido a mis insólitas facciones que se asemejan a las de alguna antigua raza tribal, rasgos que se acrecientan si contemplas la larga cabellera que sobrepasa mis hombros y que suelo llevar recogida en una cinta de cuero tras la nuca. Los numerosos collares formados por diminutas cuentas de madera que cuelgan de mi cuello y la muñequera claveteada de piel que adorna mi muñeca derecha, no ayudan a esclarecer a que tribu urbana pertenezco. Y así es como tiene que ser. Ninguno de los sujetos a quienes investigo debe sospechar siquiera que pertenezco al Grupo Antidroga, ya que entonces valdría más muerto que vivo.

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Cómo se escribe una novela negra

Posted by Belén on 04:05 in
por Mariano Sánchez Soler

1. La búsqueda de la verdad. Si el objetivo de cualquier aventura, de cualquier creación artística, es la búsqueda de la verdad (y si no, que se lo pregunten a Alonso Quijano), la novela negra es la expresión más nítida de esta indagación literaria. Su objeto narrativo nace de la necesidad de desvelar un hecho oculto/misterioso que nos mantiene sobre ascuas. A través de sus páginas, el autor se propone, además, desentrañar el impulso escondido que mueve a los personajes y que justifica la existencia del relato desde el principio al fin.

2. La intriga: del quién al cómo. Una novela negra debe escribirse con esa voluntad de intriga, de revelación; cada capítulo, cada página, tiene que conducir al lector hasta la conclusión final sin concederle el más mínimo respiro. Sin embargo, a diferencia de la novela rompecabezas clásica (Christie, Conan Doyle...), que cimentó la gloria de la novela policíaca desde los inicios de la era industrial, en la novela negra escrita a partir de Hammett, con la corriente hard-boiled (duro y en ebullición), tanto o más importante que saber quién o quiénes cometieron un hecho criminal es descubrir cómo se llega hasta la conclusión. Ahí está Cosecha roja, del gran Dashiell, cualquiera de las novelas de Chandler o el Chester Himes de Un ciego con una pistola como ejemplos del cómo. También es importante el por qué, aunque su respuesta puede resultar secundaria en una sociedad como la nuestra, en la que, como todo el mundo sabe, es más rentable fundar un banco que atracarlo.

3. La acción esencial. Si en la definición clásica de Stendhal «una novela es un espejo a lo largo de un camino», la novela negra es una narración itinerante que describe ambientes y personajes variopintos mientras se persigue el fin, la investigación, la búsqueda. La acción manda sobre los monólogos interiores, y la prosa, cargada de verbos de movimiento, se hace imagen dinámica y emocionante. Es un camino urbano, ajeno a las miradas primarias y a las mentes bienpensantes, donde la creación de personajes y la descripción de ambientes resulta fundamental y exige al autor una planificación previa a la escritura. Aquí radica uno de los rasgos esenciales de la novela negra, que la convierte, de este modo, en novela urbana, social y realista por antonomasia.

4. El argumento. Veamos: aventura indagatoria, intriga, realismo, crítica social, espejo en movimiento... Sin embargo, como diría Oscar Wilde, para escribir una novela (negra) sólo se precisan dos condiciones: tener una historia (criminal) que contar y contarla bien. ¿Y qué debemos hacer para conseguirlo? Antes de empezar a escribir, es preciso tener un argumento desarrollado, una trama en ciernes, un esquema básico de la acción por la que vamos a transitar. Saber qué historia queremos contar: su tema central. Después, al correr de las páginas, los acontecimiento marcarán sus propios caminos, a veces imprevisibles, pero el autor siempre sabrá hacia dónde dirige su relato. Un buen mapa ayuda a no perderse.

5. Lo accesorio no existe. La voluntad de contar una historia y atrapar con ella al lector permite pocas florituras y ningún titubeo. Toda la narración ha de estar en función de la historia que pretendemos escribir. Si leemos 1280 almas, de Jim Thompson, por ejemplo, descubrimos que el novelista escribió una historia exacta, ajustada, sin ningún pasaje prescindible. No en vano, es una obra maestra de la narrativa moderna. Es cierto: una novela criminal puede contener todo tipo de elementos disgregadores de la trama, divagaciones caprichosas, puede cambiar de espejo a lo largo del camino; pero entonces no nos encontraremos ante una novela negra, aunque se mueva alrededor de la resolución de un crimen o se describa un proceso judicial. En la novela negra, como en la poesía, lo accesorio no existe. Un poema puede ser bellísimo, pero si quiere llamarse soneto tendrá que escribirse, como mínimo, en endecasílabos. Es una regla fundamental del juego. Lo mismo ocurre con la novela negra: hay que elaborarla en función de unas reglas (que aquí estoy disparando a quemarropa) aceptadas a priori por el autor. Y para que sea buena literatura, hay que escribirla bien.

6. La construcción de los personajes. Cuestión clave: antes de comenzar a escribir, conviene saberlo todo sobre ellos. Su pasado, su psicología, su visión del mundo y de la vida... Si conocemos a los personajes principales (y muy especialmente al narrador o conductor de la historia, si es uno), el relato discurrirá fácilmente, se deslizará a través de las páginas como el jabón sobre una superficie de mármol y el lector no podrá abandonar el libro hasta el párrafo final. Para ello se aconseja realizar una biografía resumida de los personajes principales, como si se tratara de una ficha policial o un currículum para obtener trabajos basura, dos instrumentos de la vida real muy útiles en la creación literaria.

7. La fuerza de los diálogos. Cuando hablan, los personajes deben utilizar la jerga precisa, sin abusar, con palabras claves, pero sin caer en un lenguaje incomprensible y cambiante. Vale la pena utilizar de manera comedida palabras profesionales. Por ejemplo, si habla un policía, cuando vigila a un sospechoso está marcándole; un confidente es un confite; cuando matan a alguien, le dan matarile... Cada diálogo cuenta una historia, y muchos personajes que desfilan por la novela negra se muestran a sí mismos a través de sus palabras. El diálogo es un vehículo para mostrar su psicología y sus fantasmas. Un ejemplo clásico: Marlowe, en El sueño eterno, se disculpa ante la secretaria de Brody, a la que ha golpeado:

-¿Le he hecho daño en la cabeza? -pregunta el detective.

-Usted y todos los hombres con los que me he tropezado -contesta la mujer.

8. Documentarse para ser verosímil. Para que el lector se crea el relato que se está contando, el autor debe documentarse con el objetivo de no caer en mimetismos fáciles (especialmente cinematográficos). Por ejemplo, en España los jueces no usan el mazo, como los anglosajones, sino una campanita; los detectives españoles no investigan casos de homicidio ni llevan pistola (salvo rarísimas excepciones). Hay que conocer las cuestiones de procedimiento, no para convertir la novela en un manual, sino para no caer en errores de bulto. La verosimilitud lo exige para que el lector se crea nuestra historia. Hay que saber de qué se está hablando. Por ejemplo, de qué marca y calibre es la pistola reglamentaria de la policía española, ¿una pistola es lo mismo que un revólver?, cómo se realiza en España un levantamiento de cadáver..., y tantas otras dudas que surgen a lo largo de la acción.

9. El mundo del crimen. Si la trama que mueve una novela negra ha de ser creíble, los métodos del crimen también. La conclusión de un hecho criminal ha de llegar por los caminos de la razón. En el siglo XXI, los enigmas rocambolescos, los venenos exóticos y las conspiraciones insólitas han sido reemplazados por la corrupción institucional, las mafias, los delitos económicos vestidos de ingeniería financiera o el crimen de Estado. Vivimos en una era post-industrial donde la novela negra es un testigo descarnado de las cloacas que mueven el mundo, más allá del agente moralizador de la burguesía que campaba en las páginas de las novelas-enigma tradicionales. Los tiempos han cambiado y no hay retorno posible. El realismo y la denuncia imponen su rostro literario. Los mejores personajes de la novela negra actual son malas personas, pero, como diría Orwell, algunas son más malas que otras.

10. Advertencia final: nada de trucos. Poe, en "El doble crimen de la calle Morge", inauguró el género policíaco y el género negro posterior al crack de 1929, porque, al escribir esta historia, planteó al lector el juego de descubrir una verdad, en apariencia sobrenatural, con las armas de la razón, a través de una investigación detectivesca. Esa voluntad del novelista, esta complicidad con el lector, exige al escritor no hacer trampas en la construcción de sus historias criminales y plantea, al mismo tiempo, una relación privilegiada con el receptor de sus novelas. Divertir, entretener, emocionar, escribir para ser leído... ¿No es este el objetivo de la Literatura? Hay que jugar limpio con el lector. ¡Las manos quietas o disparo! Para freír un huevo, es preciso romper la cáscara. Siempre.
Fuente: Ciudad Seva

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Sin Pedigrí

Posted by Belén on 23:48 in


Ya queda menos.

De momento, el título está confirmado: Sin Pedigrí.

Ayer tuvimos una pequeña reunión para ver cómo afrontábamos la situación para este verano. El libro debería estar finalizado pero, como siempre, el tiempo se nos come y nos ha sido imposible avanzar al mismo ritmo que llevábamos en un principio. Ahora hay que poner en funcionamiento "al máximo" las neuronas e intentar terminarlo a lo largo de este primera quincena de julio para poder tener listo el proyecto antes de agosto. ¿Lo conseguiremos?

De momento continuamos con el proyecto de diseñar una portada. ¿Alguien se atreve?


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Seguimos adelante

Posted by Belén on 06:17 in


Hace mucho tiempo que no cuento nada sobre este proyecto. La verdad es que ha estado lleno de dificultades, sobretodo a la hora de interpretar hechos que ocurrieron hace tan sólo unos años pero que, a la hora de escuchar cómo ocurrieron se te hacen difíciles de imaginar puesto que no se concibe la idea de que, en tan sólo veinticuatro años, las tecnologías y la manera de proceder de la policía, haya evolucionado tanto.
No entraré en detalles, puesto que la gracia de la novela es precisamente esa.
Una de las dificultades que encontramos nada más comenzar es el tema de las localizaciones. Aunque la mayoría de los hechos se han cambiado de ubicación, seguimos encontrándonos con que, en veinticuatro años, el turismo y, por lo tanto, la construcción ha invadido aquellos lugares que por entonces eran simples descampados. Es difícil recordar ubicaciones de locales donde ahora hay una circunvalación o una autovía.
Sin ir más lejos y, en plena reconstrucción de una persecución, nos dimos cuenta que tal vez, calles de las que hemos nombrado, no tuvieran en esa época la misma nomenclatura. Hay que ponerse en contacto con ayuntamientos o conseguir callejeros de la época. Una novela que en un principio parecía tan sencilla, también tiene sus complicaciones.
A parte de estos detalles, hemos alcanzado el zénit de la novela. A partir de ahora hay que atar cabos y llegar a la resolución del caso.

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